Deambulé por las calles
bajo aquel cielo benigno;
contemplé el revoloteo de las
mariposas entre el brezo y las campánulas,
escuché el sonido suave del viento
soplando por entre la yerba.
Y me preguntaba cómo se le podía ocurrir a nadie atribuir un sueño
inquiero a quienes duermen bajo aquella
apacible tierra...

